top of page

De la perfumería nicho al oud puro: cómo cambia la experiencia

  • Foto del escritor: Bernardo J
    Bernardo J
  • 14 ago
  • 5 min de lectura

Por Bernardo

Hay un momento que muchos aficionados a la perfumería conocemos.

Comenzamos buscando perfumes que huelan bien. Después queremos perfumes diferentes. Descubrimos la perfumería nicho, empezamos a reconocer notas, perfumistas, casas y materias primas. Y eventualmente ocurre algo curioso:

dejamos de preguntarnos qué perfume queremos comprar y comenzamos a preguntarnos qué estamos oliendo.

Para algunos, ese camino termina llevándolos al oud. No al perfume que dice Oud en la botella. Al oud puro. Y cuando eso ocurre, la experiencia cambia por completo.


Primero buscamos perfumes. Después buscamos olores.

La perfumería nicho puede abrir una puerta extraordinaria. De repente aparecen composiciones que no necesariamente buscan agradar a todo el mundo. Descubrimos perfumes animales, ahumados, resinosos, medicinales, terrosos o extremadamente amaderados. También comenzamos a encontrar nombres que se repiten: sándalo, rosa, incienso, mirra, azafrán, ámbar. Oud. Al principio los entendemos como notas.

Pero una nota en perfumería no necesariamente significa que esa materia prima natural esté presente en la fórmula.


Un perfume puede crear la impresión de cuero sin contener cuero. Puede sugerir ámbar sin que exista una materia prima natural llamada simplemente “ámbar” que corresponda a todo lo que reconocemos bajo ese nombre. Y puede oler a oud sin contener aceite natural de agarwood. Esto no convierte al perfume en malo. Simplemente significa que perfume y materia prima son dos experiencias diferentes.


Mi primera sorpresa con el oud puro

Cuando alguien acostumbrado a los perfumes de oud comerciales huele por primera vez un aceite auténtico de agarwood, puede ocurrir algo inesperado:

quizás no huela como esperaba. Eso tiene una explicación. Durante años podemos construir nuestra idea del “olor a oud” a través de perfumes terminados. En ellos, el oud puede estar acompañado —o incluso representado— por maderas, ámbar, cuero, humo, especias, moléculas amaderadas y otros materiales. Después ponemos una pequeña cantidad de oud puro sobre la piel y descubrimos otra cosa. Puede aparecer madera húmeda.

Tierra.

Resina.

Notas verdes.

Fruta.

Cuero.

Humo.

Dulzor.

Fermentación.

Incluso ciertos perfiles animales que para una nariz no acostumbrada pueden resultar extraños inicialmente. Y lo más interesante es que otro oud puede oler completamente diferente. Ese fue uno de los aspectos que más cambió mi manera de entender esta materia prima. El oud no es simplemente “un olor”.


No existe un único olor a oud

El agarwood se forma cuando árboles de determinados géneros, principalmente Aquilaria y Gyrinops, producen madera resinosa como respuesta a distintos procesos de estrés o lesión. Esa madera puede posteriormente convertirse en incienso, chips aromáticos o materia prima para extracción y destilación. Pero existen múltiples especies, regiones productoras y métodos de formación e inducción de resina. A eso debemos añadir diferencias en la madera seleccionada, su contenido resinoso, preparación y método de extracción. Por eso resulta difícil hablar de “el olor del oud” como si fuera una sola cosa. Un aceite puede ser oscuro, animal y profundamente terroso.

Otro puede sentirse verde y medicinal. Otro puede presentar facetas dulces, balsámicas o frutales. Incluso aceites procedentes de materias primas relacionadas pueden desarrollar perfiles distintos según cómo fueron procesados y destilados. Esa variabilidad no necesariamente representa un defecto. Es parte de la naturaleza del material.


El oud puro tampoco se comporta como un perfume


Aquí ocurre otro cambio importante. Estamos acostumbrados a evaluar fragancias utilizando conceptos como proyección, estela y duración. Aplicamos perfume y esperamos que otras personas puedan percibirlo a distancia. El oud puro nos obliga a cambiar esa expectativa.

Una gota —y muchas veces bastante menos— puede convertirse en una experiencia mucho más íntima. Lo aplicas sobre la piel. Esperas, vuelves a oler y cambia.

Lo que percibiste durante los primeros minutos puede no ser lo mismo que encuentres una hora después. Algunas facetas desaparecen. Otras aparecen lentamente. Algunas permanecen durante muchas horas muy cerca de la piel. En lugar de perseguir constantemente proyección, comienzas a prestar atención a la evolución.


También cambia la manera de comprar


En perfumería convencional compramos un producto terminado. Sabemos aproximadamente qué experiencia recibiremos cada vez que compremos otro frasco de la misma fragancia. Con el oud artesanal o de producción limitada aparece otra realidad:

el lote importa. La madera disponible cambia. Las destilaciones cambian. Los rendimientos cambian. Y el perfil resultante también puede cambiar. Eso significa que encontrar un oud extraordinario no necesariamente significa que dentro de cinco años podremos comprar exactamente el mismo aceite. Para alguien acostumbrado a la consistencia de la perfumería comercial, esto puede parecer una desventaja. Para un coleccionista puede convertirse precisamente en parte de su atractivo. Un buen oud puede representar un momento específico: una materia prima, una procedencia, una destilación y un lote que posiblemente nunca vuelvan a repetirse exactamente de la misma manera.

Entonces, ¿el oud puro es “mejor” que la perfumería nicho?

No.

Y creo que sería un error plantearlo así. Un gran perfume es una composición. Es el resultado de decisiones creativas donde decenas de materiales pueden trabajar juntos para producir algo que ninguno conseguiría individualmente. El oud puro ofrece otra experiencia. Aquí no estamos evaluando principalmente la habilidad de un perfumista.

Estamos explorando la materia prima. Es parecido a la diferencia entre disfrutar una gran comida preparada por un chef y probar individualmente uno de los ingredientes extraordinarios que utilizó para prepararla. Una experiencia no invalida la otra. De hecho, conocer las materias primas puede hacer que posteriormente apreciemos mucho más la perfumería.


Después de oler oud puro, algunos perfumes se entienden diferente

Este es quizás el cambio que encuentro más interesante. Cuando comenzamos a conocer distintas expresiones del agarwood, nuestra referencia olfativa se amplía. Entonces regresamos a nuestros perfumes. Y comenzamos a preguntarnos: ¿Esto que estoy percibiendo realmente me recuerda al oud que he olido? ¿Estoy oliendo una interpretación del oud? ¿Podría haber oud natural combinado con otros materiales? Ya no estamos buscando simplemente decidir si algo huele “bien” o “mal”. Estamos aprendiendo a oler con intención. Y eso cambia la afición.


No necesitas convertirte en experto

Existe otro extremo que tampoco me interesa. No creo que para disfrutar del oud tengas que memorizar decenas de especies, estudiar cromatografías o convertir cada experiencia olfativa en un examen. Puedes simplemente olerlo y disfrutarlo. Pero conocer qué tienes frente a ti —su origen, especie cuando puede determinarse, método de extracción, características del lote y trazabilidad— añade contexto a la experiencia. Precisamente por eso nació Oud Alchemie de Borikên. No para decirte qué debes oler. Sino para acercarte a la materia prima y permitirte descubrirlo por ti mismo.


El siguiente paso no tiene que ser otro perfume

Quizás llevas años coleccionando perfumes. Quizás tienes varios que dicen Oud en sus nombres. Quizás conoces las grandes casas y has comenzado a explorar perfumería independiente. Entonces podría llegar un momento en que comprar otro perfume ya no responda completamente a tu curiosidad. Tal vez quieras conocer aquello que inspiró muchos de esos perfumes. Tomar una pequeña cantidad de aceite. Aplicarla sobre tu piel.

Esperar. Y descubrir qué ocurre. Porque existe una diferencia entre conocer la nota de oud… y comenzar a conocer el oud.

 
 
 

Comentarios


bottom of page